¿Cuando comenzó a usarse el dinero? ¿Siempre fue igual? Entrá a este artículo a recorrer la historia del dinero: desde los primeros intercambios de bienes y servicios hasta la llegada de la tecnología a las monedas.

Los orígenes: el trueque

Las crónicas sitúan a los inicios de la historia del dinero en diferentes momentos entre los siglos V y VII Antes de Cristo. Incluso se estima que la humanidad acuñó monedas desde varios cientos de años antes del inicio de la era cristiana. En cambio, la emisión de billetes es algo mucho más próximo en el tiempo, aunque también es una práctica que ya tiene varios siglos –basta decir que en la Edad Media ya se emitían letras de cambio para las actividades comerciales, por ejemplo-. La historia de los billetes bancarios y el origen del dinero en efectivo se remontaban al siglo IX en China, en tanto que en Occidente recién en los siglos XVI y XVII comenzaron a circular estos instrumentos, inicialmente en Inglaterra.

De todos modos, si nos preguntamos cómo surgió el dinero, tenemos que decir que nació como una evolución de las prácticas ancestrales del trueque. ¿En qué consiste el trueque? Es el intercambio de bienes materiales o de servicios por otros objetos o servicios. Se diferencia de la compraventa habitual en que no intermedia el dinero como representante del valor en la transacción. Al contrato por el cual dos personas acceden a un trueque se le denomina permuta. 

El trueque presentaba el problema de que no siempre una parte necesitaba exactamente los productos que la otra tenía para ofrecer y es por eso que aparece el dinero como una solución ante esta adversidad.

El trueque es el intercambio de bienes materiales o de servicios por otros objetos o servicios.

La asignación de valor
Como se señaló anteriormente, las dificultades inherentes al trueque llevaron a utilizar diversos bienes para facilitar los intercambios. Estos bienes convertidos en instrumentos generales de cambio se convirtieron en las primeras formas de dinero. Ahora bien, con el sistema de intercambio, las maneras de asignar el valor del dinero fueron variando en el tiempo. Por ejemplo, durante un lapso relativamente considerable de la historia el sistema financiero mundial se rigió por el famoso patrón oro. Este sistema fijaba el valor de cada moneda basándose en una cantidad específica de oro.

En este contexto, cada emisor de moneda aseguraba que le podía dar a la persona que poseía el billete en cuestión la misma cantidad de oro que se consignaba en estos papeles moneda. Es decir que mientras regía el patrón oro el dinero en papel tenía un respaldo concreto en metal. Este sistema tuvo vigencia entre los siglos XIX y el año 1918 (cuando concluyó la Primera Guerra Mundial). Pero una vez que se abandonó este sistema, el valor del dinero pasó a ser puramente fiduciario. ¿Qué significa esto? Que desde entonces el dinero se basa en la fe o confianza de la comunidad. 

Entonces, ¿cómo funciona el dinero desde ese momento? Comúnmente el banco central de cada nación es la entidad regulatoria encargada de emitir y velar por el valor y la salud de la moneda de su país.

El papel moneda tenía su respaldo en oro.

El dinero hoy
No podemos negar que el dinero evolucionó. En la historia más reciente se vienen dando una serie de desarrollos muy interesantes. Además de mecanismos como las tarjetas de débito y de crédito, o las transferencias bancarias, fueron surgiendo otras herramientas más innovadoras. Nos referimos a los sistemas de pago online (por ejemplo MercadoPago, PayPal, etc.), a los asistentes de pago a través de smartphones (como Apple Pay o Android Pay) y a las propias criptomonedas –como el bitcoin-, que están dinamizando la escena de los medios de pago hasta extremos impensados. En el caso de las monedas digitales o criptodivisas, la creación del dinero deja de quedar en manos de un determinado banco central de una nación, para pasar a generarse en una red informática distribuida, conformada por múltiples nodos y canalizada a través de la Web. Esto configura un paradigma nuevo que trae cambios interesantes, en la medida en que permite librar a los usuarios de la intermediación bancaria y de sus costos asociados.